CAPITULO NUEVE

LOS PRIMEROS ÁRBOLES DE NAVIDAD

Muy cerca de la cabaña de Nicolás había una gruesa arboleda de árboles de pino, altos, hermosos árboles oscuros que alzaban sus ramas hacía el cielo y formaban un refugio perfecto para sus raíces . Diseminados entre los altos árboles había matas de abetos, valientes árboles pequeños, los cuales guardaban sus robustas ramas verdes a través del frío invierno del norte y sobrevivían a cada pesada tormenta de nieve con sus brillantes puntas apuntando hacia el cielo.

Los niños jugaban en esta arboleda, porque no importaba cuan tormentosa fuera el clima afuera, aquí ellos podían encontrar un lugar más cálido, más protector del cortante aire. En verano era un lugar encantador con el vivo perfume de los árboles de pino y el suave murmullo de sus ramas en la brisa.

Nicolás amaba esta pequeña arboleda, para llegar allá, los niños de la aldea tenían que pasar por su cabaña, y difícilmente un grupo pasaba por su puerta sin que uno o mas de ellos se precipitará para decir "buenos días" a su viejo amigo y verlo trabajar en sus fascinantes juguetes.

Un día Nicolás echó un vistazo por su ventana, y noto un grupo de niños corriendo de la arboleda, cuando se acercaban pudo ver que estaban asustados y como corrían hacia su cabaña para cubrirse, soplando y jadeando, Nicolás preguntó "¿Que sucedió? Todos se ven asustados"

"Ellos tienen largo cabello negro", chilló un muchacho "y los hombres usan anillos en sus orejas" dijo otro "No pudimos entender la lengua que hablan".

"Cálmense, Cálmense", dijo Nicolás, "¿de quien están hablando?".

"Gente extraña con piel y cabello oscuro"

"¿Tenían caballos y carretas?" preguntó Nicolás con mirada conocedora.

"Sí y grandes carretelas cubiertas."

"Me suenan como gitanos" replicó Nicolás, "aunque ellos usualmente no vienen hasta el norte. Ellos han de haber perdido su camino, y ahora acamparán aquí hasta la primavera. No hay por que tener miedo de ellos. Ellos son gente como tu y yo."

Tranquilizados, los niños corrieron de regreso a la arboleda para investigar a esta nueva gente, Pronto se hicieron amigos de los gitanos y descubrieron que los niños jugaban los mismos juegos que ellos, también algunos nuevos e interesantes, Cuando la navidad se acercaba le dijeron a los niños gitanos acerca de Nicolás, y como manejaba la víspera de Navidad su rojo trineo jalado por ocho brillantes renos y llenaba sus medias con hermosos juguetes que él hacía.

"¡Una vez, cuando no pudo llegar a la casa de kathy, porque estaba tapiada, bajó por la chimenea!."

"El no puede visitarnos", bromeo una muchacha gitana, no tenemos puertas, ni usamos medias. Ciertamente no llevamos chimeneas con nosotros," ella rió.

La Pequeña Sonia, que quería que todos sean felices, informó algo de esto a Nicolás y vino de su cabaña con la mente satisfecha, por que ella sabía que la sonrisa en su cara significaba que tenía un plan en su anciana cabeza.

La víspera de Navidad, los renos se sorprendieron al encontrar que cuando su usual sonido había terminado, Nicolás los llevaba justo para pasar por su cabaña y dirigirse al bosque, deteniéndose en la orilla de la arboleda de pinos. Una oscura figura con una amplia sonrisa se detuvo adelante. Este era Grinka el líder de los gitanos.

"Aquí estas Grinka", dijo Nicolás, dándole un atado de velitas blancas. "Ve adelante con estas y te seguiré."

Grinka se detuvo en cada abeto de la arboleda y ato velitas a sus ramas, Nicolás lo siguió detrás cubriendo las ramas de cada árbol con nueces, brillantes manzanas rojas y por supuesto una muestra de cada uno de sus juguetes. Era casi el alba cuando el par había terminado, pero había un árbol para cada familia con niños.

"Ahora las luces" dijo Nicolás y fueron de árbol en árbol, tocando cada vela hasta que toda la oscura arboleda centelleaba y brillaba como el centro de un cálido fuego.

"Creo que es el lugar más bonito de todos", dijo Nicolás, y tu debes asegurarte de que los niños despierten antes de que el sol traspase los pinos y estropeé el efecto."

"Correcto," dijo Grinka "Iré y los despertaré ahora antes de que te vayas."

"¡Oh, No," dijo Nicolás alarmado. "No deben verme. Los niños nunca deben verme, Eso estropearía todo. Ahora debo irme."

Nicolás saltó a su trineo y se fue, con el familiar tintineo de campanas de plata y el crujido de su látigo de plata.

Pocos minutos después de su partida, Grinka despertó a todos los niños del campamento. Nicolás debió quedarse solo para ver la alegría en las delgadas caritas cuando corretearon entre los árboles, descubriendo cada uno algo nuevo de que gritar.

"Son las luces de estos hermosos árboles lo que hace todo tan hermoso," dijo un niño.

"No son los regalos" exclamó otro "¡solo mira esta hermosa muñeca que tengo!"

"Es la fruta y las nueces" agregó un niño hambriento rellenando su boca con golosinas.

"Creo que todo es tan hermoso porque es Navidad," decidió un sabio muchachito. "¡Sí, sí porque es Navidad!" todos gritaron y bailaron alrededor.

"¡Y estos son nuestros árboles de Navidad!

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