CAPITULO CUATRO

LA NOCHE ANTERIOR A NAVIDAD

Después de que la multitud de aldeanos se había dispersado en aquella feliz Navidad, el día de la carrera. Nicolás se detuvo en la puerta de la cabaña donde había pasado escasamente el último año, estaba un hombre sombrío quien parecía que nunca había sonreído en su vida. Era Bertram Marsden el buen ebanista de la aldea, a quien todos los niños llamaban "Marsden el loco", porque vivía solo, rara vez hablaba con alguien y ahuyentaba a los niños de su puerta con miradas severas y palabras duras.

"¿No has olvidado, verdad Nicolás que hoy te mudas a mi casa? Preguntó Marsden bruscamente.

Nicolás observó bien. Oh no, el no lo había olvidado, y el sabía bien porque Marsden le había ofrecido llevarlo el último año de su vida como huérfano ambulante. La única razón por la que deseaba alimentar y vestir a Nicolás era porque por casi cinco años había visto el trabajo que él había estado haciendo con su vieja navaja de bolsillo, y se había dado cuenta de que Nicolás sería un aprendiz bueno y barato.

Una vez más Nicolás empacó sus pocas pertenencias dentro de su nuevo trineo, dijo una despedida agradecida a la familia con la que estuvo viviendo, y siguió al loco Marsden a su casa en las afueras de la aldea.

Al entrar en la cabaña, Nicolás se detuvo inmediatamente en el cuarto principal del tallador de madera. Ahí se encontró su banco, mesa de trabajo, herramientas y una amplio surtido de madera.

Marsden señaló una puerta en la esquina y dijo, "puedes guardar tus pertenencias ahí".

Nicolás se detuvo en medio del desordenado cuarto y miro alrededor consternado.

"Hay una cama donde puedes dormir y más vale que pongas ese hermoso trineo lejos por tu propio bien. Aquí no tenemos tiempo para jugar en la nieve. Vamos Nicolás no te quedes parado desgarbado. Guarda tus pertenencias, tienes mucho que aprender aquí." "Voy a hacer de ti un buen tallador de madera. No habrá tiempo para estúpidas muñequitas y juguetes de madera. Tendrás que ganar tu estancia aquí. Oh por cierto, aleja de aquí a ésa tribu de jóvenes muchachos que siempre te sigue, ¿me entiendes muchacho?.

Nicolás inclinó su cabeza y fue silenciosamente a trabajar guardando su pequeño bulto de pertenencias.

Cuando Nicolás empezó a trabajar para el loco, viejo tallador de madera y aprendió que el viejo cuchillo de bolsillo de su padre era una ruda herramienta comparada con los bellamente afilados cuchillos y cinceles que Marsden usaba. Aprendió A trabajar por horas al fin. Doblado sobre la banca junto a su maestro, pacientemente repasaba una pieza de madera hasta que era tan suave como una pieza de vidrio. Tristemente Nicolás no pudo aprender a acostumbrarse a la espantosa soledad de la cabaña, alargada por los días cuando había estado en lugares mas amistosos rodeado por la risa de los niños. Pasaron los meses y para no hacerlo tan obvio para Marseden. Nicolás gradualmente limpió y abrillantó la cabaña para hacer soportable su impuesto hogar.

Una noche cuando Marsden se sentó en frente del fuego, fumando silenciosamente su larga y curveada pipa, notó que Nicolás estaba todavía sobre el banco de trabajo absorto en alguna tarea.

"Aquí chico", dijo casi amablemente, con su áspera voz. No soy un maestro tan duro que te tendría trabajando de día y de noche. ¿Que estás haciendo?¿Por qué no te vas a la cama?"

"Es sólo una pequeña pieza de madera que Ud. tiró" dijo Nicolás rápidamente, "Estoy tratando de hacer una copia de esa silla que Ud. terminó hoy, pero esta es un pequeño juguete" el terminó temerosamente, porque el sabía bien que la palabra muñeco significaba niños para el viejo Marsden, y por alguna extraña razón el solo mencionar a los niños en su presencia lo hacía sentir una terrible furia.

Esta Noche sin embargo, satisfecho consigo mismo sólo lo vio con una mirada triste y dijo, "déjame verla. Hmm, no esta mal pero tienes el adorno posterior más largo de un lado que del otro. Aquí, pásame ese cuchillo pequeño," Nicolás se apresuró a darle la pequeña herramienta y observó admirado como el viejo artesano corregía hábilmente el error.

"Ya está", dijo Marsden finalmente, alejando el trabajo de él de modo que pudiera estudiarlo. "esta es la forma en que se debe hacer"

Entonces en lugar de entregar la pequeña silla a Nicolás quien estaba esperando expectante, continuó sosteniéndola en sus manos mientras una triste expresión apareció en la fiereza de sus viejos ojos cuando recordó los muñecos que había hecho para sus propios dos hijos, hacía muchos, muchos años. Lentamente una sonrisa creció en la cansada cara vieja. Nicolás parpadeo y miro otra vez. Sí una sonrisa real estaba luchando por aparecer en las comisuras de aquella severa boca, a la cual se había rehusado por tantos años.

Marsden levantó su cabeza, y miro la fuerte cara joven con los amables ojos azules.

"Eres un buen chico Nicolás, y" agregó casi tristemente, por eso no fue fácil para un hombre duro cambiar tan rápidamente, "Creo que me gustaría ayudarte con algunas de aquellas pequeñas cosas que haces. Las haremos juntos estas largas tardes de invierno, ¿eh, podemos Nicolás?. Tu puedes entregarlos el día de Navidad en tú fino trineo. Quizás para entonces aún te gustaría permanecer y vivir conmigo el próximo año," agregó el viejo con una voz tan suave que sonó como una súplica.

Agarró el brazo de Nicolás casi bruscamente, entonces una expresión de paz se abrió paso en la solitaria cara vieja mientras el muchacho contestó simplemente, "Sí por supuesto maestro. Me quedaré con Usted hasta que Ud. me quiera tener".

Así cada tarde de invierno se veían dos cabezas dobladas sobre el banco de trabajo. Una cabeza gris con grueso cabello alborotado, y la suave cabellera rubia de un muchacho. Ellos trabajaron febrilmente durante las semanas anteriores a Navidad y con la ayuda del anciano en el tallado Nicolás pudo agregar toques delicados a los pequeños muñecos, los cuales los hicieron más atractivos que ninguno que hubiera hecho antes. Pintó las caras de las muñecas para que sus ojos fueran tan azules y sus mejillas y labios fueran tan rosas como las pequeñas que pronto las tendrían en sus brazos. Las pequeñas sillas y mesas fueron teñidas con los mismos colores suaves que Marsden usaba en su propio trabajo, Los pequeños trineos y botes para los muchachos estaban relumbrantes con brillante pintura nueva, roja, amarilla, azul y verde.

Faltaban dos noches antes de Navidad, todas las cosas estaban terminadas. Aunque un muñeco para cada niño en la aldea estaba empacado dentro del trineo de patines de metal, Nicolás y el anciano estaban todavía trabajando en el banco. Esta vez ellos estaban tratando desesperadamente de terminar una cómoda, la cual había sido ordenada por una adinerada mujer de la próxima aldea a veinte millas. Era tarde la víspera de Navidad cuando estuvo al fin terminada.

"Lo siento" dijo el viejo Marsden leyendo los pensamientos de Nicolás. Tendrás que llevarlo mañana: Me gustaría ir yo mismo, pero no soy tan fuerte como era. Es todo un día de viaje, sobre veinte millas, entonces tendrás que esperar unas pocas horas para descansar los caballos y después regresar las largas veinte millas."

"Sí no quisiera ella esta cómoda para mañana", dijo Nicolás.

"Bien" contestó su maestro, Nosotros los prometimos y debe ser entregado a tiempo. Ahora los juguetes no fueron prometidos...."

"No, pero tengo que entregarlos", interrumpió Nicolás.

" Iba a decir muchacho, que no fueron prometidos para el día de Navidad. Ahora tu sabes que los pequeños niños se van a dormir temprano. Por que no puedes ...."

"Porque, ¡por supuesto!" Nicolás salto gritando "¿Dónde está mi lista?,¿Dónde está mi trineo? Tengo que apresurarme."

Afuera la aldea estaba dormida. Ninguno vio la solitaria figura, envuelta contra el frío aire congelado, cargando un trineo de casa en casa, dejando una pequeña pila de juguetes en la entrada de cada puerta hasta que estuvo vacío. Eran las tres de la mañana de Navidad cuando Nicolás se alejó de la última puerta. Su trineo estaba ahora mucho mas ligero para jalar pero sus pies estaban cansados de andar difícilmente en la pesada nieve, pero estaba feliz porque era Navidad y una vez más había cumplido su tácita promesa a los niños de la aldea.

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