CAPÍTULO ONCE

LA ULTIMA MEDIA

Los años pasaron y Nicolás era ahora un hombre muy rico aunque compartía todo lo que tenía con sus amigos de la aldea, Cada mañana de Navidad los niños se despertarían y encontrarían sus medias llenas de juguetes y dulces. Las familias más pobres también encontrarían comida.... cosas tales como pollos, vegetales y jamones y frecuentemente dejarían en la entrada de sus puertas paquetes de ropa.

Pero como era de esperarse, cada año el estaría un poco más débil y los aldeanos que lo amaban y respetaban empezaron a preocuparse. Cada mañana de Navidad cuando los niños emocionados tomaban sus regalos de las medias, el espantoso pensamiento en el corazón de cada padre era "Quizá la próxima Navidad él no estará con nosotros."

Pocos días antes de una Navidad, un número de aldeanos llamó a Nicolás con una sugerencia. "Pensamos Nicolás", dijo un hombre un poco vacilante, "pensamos que debes sentir tanto frío llenando las medias afuera en la intemperie, especialmente cuando hay cinco o seis en cada familia, que sería mejor si los niños dejarán sus medias junto al fuego."

"Entonces podrías venir y sentarte junto al fuego y tomarte un descanso" agregó una mujer amablemente.

El viejo Nicolás hecho un vistazo al trabajo que estaba haciendo y sonrió. Colocó su mano en el brazo de un hombre. "Jo, Jo, Jo, vinieron acá a decirme como hacer mi trabajo." El bromeó, "Por que recuerdo llenando una bolsa tejida para ustedes cuando eran más pequeños de lo que ahora son sus hijos. Entonces las cosas cambiaron cuando empezaron a poner afuera medias en lugar de bolsas y ahora quieren que cambie otra vez y las dejen adentro. Bien, supongo que debo irme adaptando y si todos ustedes piensan que es mejor tenerlas adentro, Entonces iré adentro."

Desde entonces Nicolás se movería muy lentamente dentro de las casas la Víspera de Navidad y se sentaba frente al fuego llenando lentamente las medias. Frecuentemente los niños le dejarían una bebida y un pedazo de pastel, sabían que tenía una larga noche de trabajo extenuante.

Una víspera de Navidad el viejo Nicolás encontró más difícil de lo usual dejar cada casa. El tibio calor lo hizo sentir somnoliento y sus viejos huesos le dolían cuando cansado se obligaba a irse. Hizo un lento progreso de una casa a otra hasta que agradecido llegó a su última parada, su espalda lo estaba matando de llevar su voluminoso saco, su cabeza mostraba cansancio y su corazón le pesó cuando se dio cuenta de cuan viejo debía estar. El trabajo que había hecho con tal entusiasmo por tantos años ahora era demasiado para él. Se dejo caer en una silla junto al fuego con un profundo suspiro de alivio y paso un largo tiempo antes de recuperarse lo suficiente para empezar a llenar las medias. Aún entonces lo hizo muy lentamente y le dolió cuando alcanzó el fondo del saco, enderezándose cada vez con mayor dificultad. Terminó de llenar cuatro de las cinco medias pero con la quinta todavía vacía en sus manos cayó en un profundo sueño.

Como una hora después, se despertó y empezó a levantarse cuando sintió una mano estrechándolo.

"¿Estás bien Nicolás?", preguntó una voz preocupada, "Me levanté para ver si el fuego se había acabado y te encontré todavía aquí. Porque casi amanece."

Nicolás se sacudió y entonces se levantó cansado. "Sí es la mañana de Navidad y no he terminado mi trabajo."

"Olvídalo yo terminare la última media de Navidad por ti" dijo el hombre, " Solo deja los regalos y ve a casa a la cama, pero apúrate antes de que los niños se despierten y te vean."

Nicolás pensó en su tibia y confortable cama por un lado y por el otro la media y los regalos y se dirigió hacia fuera exhausto

Unos minutos después un chico en pijamas se levanto en la entrada de la puerta "¿Que estas haciendo papi?" preguntó en tono decepcionado. "Pensé que era Nicolás quien nos dejaba los juguetes."

El chico estaba a punto de para llorar pero su padre lo tranquilizó, "Tu Nicolás se está haciendo viejo", dijo, "y algunas veces los padres tenemos que ayudarlo, pero recuerda, es Nicolás quien te deja los juguetes".

"Entonces está bien" dijo el pequeño "No es tan divertido si piensas que son tu mamá y tu papá quienes te dejan los regalos."

"Debería decir que no", dijo el padre severamente. "y tú nunca debes dudar de Nicolás. Por que el se sentiría muy herido de que un niñito pensara que el no llenó las medias, y puede que el nunca fuera a su casa otra vez ¿No sería terrible?

"Sí susurró el niño con una voz atemorizada, "¿Que sería la Navidad sin Nicolás?".

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